Resbalando


La película Amor (angustiosa y brutal en su realismo, sin ninguna concesión a la alegría de vivir) y la muerte poco antes de Navidad en el Hospital Universitario de Bruselas de dos hermanos gemelos de 45 años ha vuelto a animar el debate sobre la eutanasia. Estos hermanos serían dos más del millar de personas que recurren cada año a la eutanasia en Bélgica si no fuera porque ni estaban en situación terminal ni padecían graves dolores. Habían nacido sordos; era muy probable que también quedasen ciegos y que desarrollasen con el tiempo otros problemas. Decidieron pedir la eutanasia, aun cuando la ley no contemplaba este supuesto. Su familia y su hospital se opusieron. Wim Distelmans, un ferviente activista a favor de la eutanasia, se prestó a administrarles la inyección letal. «Fue la primera vez en el mundo que se efectuó una doble eutanasia en hermanos», dijo, con espíritu pionero? De este caso se pueden extraer varias lecciones, que tienen que ver todas ellas con la constatación de la pertinencia del argumento de la pendiente resbaladiza: expansión paulatina del círculo establecido por la ley, relajación de las salvaguardas y preferencia de la expeditiva muerte a las complicadas atenciones sociosanitarias que requieren los casos terminales y de enfermedades graves y dolorosas. ¿Es este el camino que queremos seguir?

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