En Galicia, el fútbol de élite (?) sufre una alarmante baja, como si la crisis general arrasara también los estamentos futbolísticos. El caso es que si el deportivismo ya venía sufriendo serios motivos de preocupación, esa preocupación se avivó en el celtismo a causa del resultado de Pamplona. Tal fue el impacto registrado en esta jornada 24, por el triunfo del Osasuna sobre el Zaragoza (1-0) que aumentó la distancia que separa el fatídico tramo entre el puesto 17 y el 20. Parece una corta distancia en la tabla, pero la realidad demuestra lo contrario, por las dificultades que los equipos encuentran para salir de ahí. Al decirlo, no podemos mas que lamentar la triste coincidencia de que los dos históricos de Galicia aparezcan metidos en ese trío de conjuntos más seriamente amenazados. Verdad que faltan varias jornadas del campeonato, pero cierto también que los resultados actuales, tanto en lo que a Riazor se refiere como si miramos para Balaídos, no son los que piden los aficionados. Y ya no se diga si ese deseo lo dividimos entre celtistas y deportivistas, a cada cual lo suyo, porque a unos y otros les desbordan las ansias de ver ganar a sus equipos.
Por todo esto queremos decir, y lo decimos sin elucubrar como suele hacerse en el fútbol, imaginando de antemano unas conquistas que no se alcanzan. En resumen, si el sábado el deportivismo despertó preocupado, ayer domingo el celtismo amaneció después de una mala noche. La semana nace con grandes nubarrones para uno y otro equipo.