Todo era mentira

Ramón Pernas
Ramón Pernas NORDÉS

OPINIÓN

19 ene 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Damos una tregua al desánimo colectivo, miramos a los lados. Lo que diferencia este período es que todo se sabe aunque nada sucede. Nos estamos acostumbrando a la dosis de escándalo cotidiano, a la corrupción inyectada en vena, al todo vale, a no encontrar justificación alguna para seguir defendiendo a capa y espada una clase política cada día más tramposa e impresentable. La cultura de los áticos premium en Marbella, las amnistías fiscales que visibilizan el blanqueo legal de diez millones de euros, diez, de quienes trafican con más de veinte millones en la banca suiza y reparten sobres con sobresueldos. Todo era mentira, todo está siendo una gran mentira.

¿Se acuerdan cuando vivíamos en un país que tenía frondosos árboles cuyos frutos eran billetes de veinte euros y de las fuentes manaba leche y miel, cuando Galicia y España eran los maravillosos países de todas las maravillas, cuando estaba prohibida la palabra crisis en los protocolos dialécticos del poder, cuando elevamos la mentira a categoría política, cuando nuestras cajas de ahorros eran la formula bancaria más segura y sólida del mundo occidental, cuando no nos vendían preferentes? Cuando era imposible que en dos años la sociedad receptora de cinco millones de nuevos españoles, de emigrantes de todos los países, se convirtiera por arte de birlibirloque en una sociedad de seis millones de parados. ¿Se acuerdan de un territorio que tenía una declaración ministerial públicamente jaleada que señalaba más o menos que era un lerdo quien en España no se forrara, cuando se compraban a pares los pisos en las costas, se llenaban los cruceros, no había plazas en los vuelos a Londres y a París y los bancos nos daban créditos sin ver nuestra nómina y añadían una propina para cambiar de coche? Hay que acordarse de todo y evitar la amnesia, desmentir que hubo diez años en los que vivimos -¿quién?- por encima de nuestras posibilidades, porque no existe un canon que defina cuáles, colectivamente, son, eran, nuestras posibilidades. Estamos a la intemperie, habitando una sociedad dual con distancias sociales irrecuperables. Todo era mentira, una maraña de mentiras, nuestra burbuja de los engaños, el árbol talado de todos los recortes, el pagar un caro peaje por sobrevivir en una selva donde las ramas impiden ver el bosque, perdidos entre la estupefacción leída cada mañana y la sorpresa que ya no nos sorprende, porque estamos empezando a saber que todo era mentira.