Enchufes a babor, enchufes a estribor

Roberto Blanco Valdés
Roberto L. Blanco Valdés EL OJO PÚBLICO

OPINIÓN

13 ene 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Que José Luis Baltar es el gran enchufador de Galicia durante los 20 últimos años parece estar fuera de duda. Notable defensor de la familia, al parecer, bajo las amplias alas de una de las diputaciones mejor dotadas de personal de las existentes en España, Baltar ha encontrado acomodo a hijos, hermanos, primos, cuñados y demás parentela por consanguinidad o afinidad de amigos personales y políticos, tejiendo una amplia red de intereses creados que, probablemente, explica la persistencia de su éxito en todo tipo de elecciones.

Baltar tiene, además, otra particularidad, que algunos reputan simpática e incluso meritoria: su desvergüenza. Esa que ciertos intelectuales bonitos interpretan como signo de una especial galleguidad, paisana y popular, frente al supuesto señoritismo de los políticos urbanos. Y es que, pretendiendo recuperar la imagen de los caciques buenos -que es solo una deformada figura literaria-, Baltar defiende, a bombo y platillo (¡y nunca mejor dicho!), que favorecer «a los de casa» es cosa natural, propia de personas sensibles, que conocen el valor de la familia y la amistad.

No comparto, desde luego, visión tan pintoresca, pues creo que el caciquismo, el enchufismo y el nepotismo son, en cualquiera de sus formas, vicios imperdonables en quien administra, en nombre de todos, poder y dinero que se le ha confiado para hacer las cosas limpiamente.

He de reconocerles, sin embargo, que igual antipatía, sino más, siento por aquellos que hacen lo mismo que Baltar -aunque, claro, en distinta dimensión, pues la del ourensano resulta insuperable-, pero agazapando sus trapalladas bajo el discurso anticaciquil, y en ocasiones anticapitalista, más radical que quepa imaginar.

El presidente de la Real Academia Gallega, cuya obra literaria admiro desde siempre, declaró no hace tanto que había votado a la coalición liderada por Beiras en las últimas elecciones autonómicas. Un Beiras convertido en azote del PP, al que ha llamado de todo, menos bonito, año tras año.

Ahora resulta que el presidente de la RAG, que lleva meses exigiendo para esa institución más presupuesto, ha tenido que enfrentarse a la noticia de que contrató en su día en la Academia a su hija y a quien era, a la sazón, novio de esta. Ante las lógicas preguntas de los periodistas al respecto, Ferrín se amparó por dos veces en un sorprendente «sin comentarios».

Pero es obvio que las informaciones sobre su presunto nepotismo sí merecen de él un comentario por lo menos: bien para negar la veracidad de los hechos publicados, si realmente son mentira; bien, en caso contrario, para explicar por qué considera que el mismo tipo de comportamiento que resulta, por ejemplo en el caso de Baltar, merecedor de durísima censura ha de ser en el suyo objeto de un silencio general.