El nivel de la «gilipolluá»


Tranquilos todos. La economía no se resuelve, el problema catalán no se encauza y la cuestión educativa va a peor. Pero hay algo que se mantiene con magnífica salud: el nivel de necedad -estulticia suena más fino- de una parte de la clase política. Esta vez, de algunos diputados del PSOE y toda la Izquierda Plural. Resulta que el presidente del Congreso, Jesús Posada, empezó a comunicar la institución que preside con el resto del mundo a través del Twitter. Si el papa de Roma lo hace, el Parlamento de Madrid no va a ser menos. Y como ese medio se estrenó ayer y estamos en las fechas que estamos, el señor Posada inauguró su juguete felicitando la Navidad. Pero cometió un terrible pecado: eligió como motivo una postal con la Virgen, san José y el Niño; lo que desde hace unos cuantos siglos llamamos el Nacimiento.

Pues bien: a la izquierda mencionada le pareció poco menos que un crimen, una ofensa a la ciudadanía no creyente y una injuria a un Estado no confesional. Debían de tener un día de calma navideña, porque no pidieron la dimisión de Posada, que es lo que debería corresponder a tamaña provocación presidencial. Después, ya metidos en matices e indulgencias, dijeron que el señor Posada puede felicitar como quiera a título personal, pero como jefe del Parlamento tiene que ser aséptico. Estos chicos de la progresía toman los símbolos navideños casi con el mismo afán de borrarlos que si fueran símbolos del franquismo.

A mí me da igual que felicite con una imagen del portal de Belén o con un edificio de Santiago Calatrava, ahora que lleva su fortuna de España a Suiza. Ahora bien: si estamos en Navidad, estamos en Navidad. Hasta donde yo sé, se conmemora el nacimiento de Cristo. Y si hay una tradición de felicitar, es una tradición ligada al belén, al villancico y, si me apuran, a la misa del gallo. ¿O es que esos diputados celebran el solsticio de invierno? ¿Se tomarán las vacaciones del solsticio o de Navidad? Por su regla de tres, deberían trabajar los días 24 y 25, la lotería del 22 no podría ser de Navidad, los ayuntamientos no podrían instalar belenes, y las emisoras serían confesionales si emiten un villancico.

Naturalmente, para armar mejor su discurso, los señores diputados que ejercen el laicismo de salón, hacen otro feliz descubrimiento: ligan la felicitación de Jesús Posada con la Ley de Educación del ministro Wert, y llegan a la conclusión de que todo está relacionado y todo forma parte de la misma conspiración para cristianizar España o algo así. En eso se entretienen. Y yo, al ver el nivel del debate, tengo que acudir de nuevo a mi clásico preferido, que es el llorado Tip y volver a exclamar: queridos lectores, regardez la gilipolluá. Una vez más.

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