Ocho lecciones de las elecciones catalanas


Primera: el planteamiento de las elecciones como un refrendo soberanista trasladó la contienda del plano autonómico al nacional. A la vista de los resultados, este hecho propició la participación atípica de una franja de electores que dejaban los comicios autonómicos en manos de los partidos catalanes. CiU no midió adecuadamente este fenómeno, que se localizó en Barcelona y Tarragona, siendo el factor principal de su mal resultado político, que no electoral.

Segunda: el coste político de la aventura de CiU ha sido desproporcionado. Ha conseguido mantener la posición electoral, pero ha perdido casi el 20% de los escaños para un retroceso final de unos 70.000 votos, cuando se escrute el CERA.

Tercera: CiU no supo gestionar la expectativa secesionista, porque tampoco esa coalición comparte una cultura común de la independencia, un concepto identificable. CiU se disponía a jugar la partida en el terreno de ERC, algo así como si el PNV lo hiciera en el de Euskal Herria-Bildu. Hay que tener muchas seguridades para romper con un elector central conforme con la idea de trabajar para Cataluña dentro de España antes de empezar la campaña, porque la contienda con ERC se advertía incierta y muy exigente en la ubicación de esta expectativa soberanista en el programa y el calendario de CiU. Duran i Lleida hizo un quiebro al centro que resultó letal mientras Artur Mas mostraba tibieza en la recta final; lo que era cuestión de 24 horas terminó siendo discutido por todos, incluidos destacados dirigentes de la UE, mientras Mas abandonaba el liderazgo insumiso para dedicarse a asuntos tácticos personales. Quizá tampoco tenía mucho más que decir, había empleado toda su batería de argumentos en la precampaña.

Cuarta: Algunos medios catalanes o el CEO de la Generalitat han fracasado en esta campaña, pero también lo han hecho la España de Pacheco y alguna prensa de Madrid. Sobran los comentarios: un 20% del PP de Cataluña ahora es de Ciutadans. Muy probablemente cansados de que no le dejen ser normales, como los demás. El PP se enfrenta a su debacle electoral en las comunidades autónomas, en España ya ha caído ante elecciones generales para quedar a 1,4 millones de votos del PSOE.

Quinta: el sistema electoral es vulnerable. Lo asaltan los ciudadanos. Ahí están AGE en Galicia o la CUP ahora. Movimientos ciudadanos configurados en modo electoral irrumpiendo en el sistema. Diputados rebeldes.

Sexta: El PSC ya es un partido del montón en Cataluña. Y el PSOE lo será en breve en España, tan pronto como se organice el espacio ciudadano de ruptura en modo electoral en más ámbitos. En la Comunidad Valenciana, por ejemplo, los números dicen que Compromís habrá empatado con el PSOE para el mes de febrero del 2013. Con estos resultados los socialistas cierran un ciclo de consultas que certifica su crisis más profunda, cuando las señales que emiten son las propias de una vieja estructura de poder del siglo XX autorepresentándose. No tienen capacidad de autocrítica ni de renovación.

Séptima: ICV/EUiA no ha ocupado el espacio equivalente al de AGE en Galicia o Compromís en la Comunidad Valenciana. No lo entienden: no hay que dirigirse a los ciudadanos insumisos, hay que serlo.

Octava: ERC sabrá gestionar su éxito electoral sin participar en gobierno alguno. Acaban de aprender la lección de la cantidad de votos que cuesta gobernar para otro.

Por Jaime Miquel Analista electoral

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