Lo mismo es mejor no tener tanta solvencia, como la que dice el presidente Feijoo que tiene Galicia, y conquistar un poco más de calidad de vida, de sosiego, de trabajo y de riqueza. Que no nos vendría nada mal. Porque ya hemos visto adónde nos lleva tanta solvencia, tanta austeridad y tanto control del déficit. A regresar a los años de nuestros abuelos.
Y sin embargo, el presidente insiste. Parece como si su diccionario solo tuviese la entrada austeridad y que todo lo que no pase por ella es apocalíptico, frentista, erróneo y un sinsentido. Ocurrencias de la oposición.
La austeridad es el pilar sobre el que se va a sustentar la labor de los próximos años del Gobierno gallego. Es la vacuna a aplicar para hacer frente al problema demográfico, al de la generación perdida, al 24 % que no sabe si va a poder cenar, a la emigración, al paro, a la destrucción de los sectores básicos de nuestra economía, al derribo del sector empresarial y al destrozo del medio ambiente. Austeridad es la única tisana que conoce este Gobierno y que cree que va a actuar con más eficiencia de lo que lo hizo en los últimos años. Como una loción milagrosa.
Puede que con tanta austeridad, el presidente sueñe con una comunidad «galega e solvente». Que es como nos prometió que iba a ser esa gran entidad financiera con la que nos hizo soñar.
Pero esta vez, no.