Los inquietantes números de las pensiones

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

Los datos que ayer se publicaban sobre pensiones son una llamada a la realidad más crucial. Solo hace falta recordar las cifras: solo faltan 20.000 nuevos pensionistas para llegar a los nueve millones. Mientras baja por decenas de miles el número de trabajadores en activo y de cotizantes, sube el de quienes tienen derecho a una pensión. La tendencia, lejos de dulcificarse, se agrava cada mes, porque la biología nos hace cada vez más viejos, y la crisis económica se encarga de acelerar el paro. O llega pronto la recuperación, o el sistema estará en peligro, si no lo está desde el momento en que hubo que empezar a echar mano de los fondos de reserva de la Seguridad Social. A fecha de hoy, el sistema ya no se sostiene por sí mismo.

Segundo apunte numérico: el coste de las pensiones subió un 4,4 % en lo que va de año, y falta por contar el mes de diciembre y el aumento que supondrá la actualización, por pequeña que sea. Recordemos que la previsión del Gobierno era de una subida del 2,9 %, punto y medio menos que la realidad. O el Gobierno hizo mal las cuentas, o no supo prever, o trató de engañarse a sí mismo para que todo cuadrara sobre el papel. Lo cierto es que estamos ante un desfase que se añade a los otros desfases del cálculo de los presupuestos destinados a desempleo y otras atenciones sociales. Si las cifras le cuadran al final a Montoro, es que nos lo han quitado en recortes de otras partidas.

Tercer apunte: es impresionante la disparidad entre regiones. Mientras un jubilado vasco cobra más de 1.000 euros al mes como media, un jubilado gallego anda por 700, y no hay tanta diferencia entre el coste de la vida en Euskadi y en Galicia. Quiere decirse que también en esto hay desigualdades, aunque sean justificadas por la cotización, y las diferencias contribuyen a aumentar la distancia del bienestar entre comunidades autónomas. Algún día habrá que pensar en algún sistema de compensación para que no haya pensionistas de primera, de segunda y, en el caso de Galicia, de tercera. Si las diferencias se siguen agrandando, chocan con el principio de igualdad que garantiza la Constitución.

Y cuarto: para completar el panorama, el Tribunal Europeo de Justicia dice que nuestro sistema es discriminatorio y perjudica a la mujer por su trabajo a tiempo parcial. Sumen ustedes estos cuatro perfiles y sale el mismo retrato de sistema que del conjunto de España: escasez, riesgos de futuro, reparto de dudosa justicia y discriminaciones. Cada vez está más claro que todo está en revisión, empezando por lo más sensible. Si Rajoy persiste en su filosofía reformista, tendría que convocar un consejo de sabios y proponerse el gran desafío: refundar este país.