Cuando Soraya Sáenz de Santamaría justificó el recorte de coches oficiales, se preocupó inteligentemente de prevenir una de las críticas más habituales de este país: la de ahorrar el chocolate del loro. Y dijo algo poco original, pero que siempre es razonable: loro a loro, el chocolate está alimentando a una pajarería. A la vista de las noticias que conocen, la pajarería debe tener la misma extensión que el mapa de España, incluidas las islas atlánticas. Y los loros parecen desganados, pero devoran auténticas cosechas enteras de cacao.
Lo malo es cuando el loro sale hablador. Entonces, el gasto se complica, porque el animal siente necesidad de comunicar lo aprendido, saludar a la concurrencia, meterse en redes sociales, tuitear, aprovechar las nuevas tecnologías y demostrar con hechos que vive en la sociedad de la comunicación. Diputados, senadores y muchos de sus colegas autonómicos y locales hablan con frenesí. Ayer mismo, alguien tuvo la ocurrencia de contar lo que hablaron por teléfono los senadores durante el 2011, y salió la cantidad de 2,8 millones de minutos. Se supone que solo es el tiempo que corresponde a las llamadas efectuadas con cargo a su teléfono oficial, que es el único teléfono que se puede (y se debe) controlar.
Antes hemos conocido casos emocionantes de loros parlanchines. Supimos de cargos públicos que utilizaron el teléfono oficial para llamar a números eróticos, que amenizan mucho el aburrido trabajo de despacho. Supimos que a un concejal de Valladolid se le fue la mano de marcar y llegó a acumular un gasto telefónico de más de doscientos mil euros. Ayer también se publicó que otro concejal usaba el móvil público para llamar a prostitutas. Está visto que el arte de la política tiene mucho de uso de la palabra, y vive Dios que lo practican con prodigalidad. Y puestos a comunicar, una treintena de señores diputados han desgastado su iPad (ellos dicen que lo han perdido) y se vieron en la penosa obligación de reclamar su reposición al Congreso. No pueden vivir sin él.
¡Ay, si un día se hicieran las cuentas del dinero público que se va en conversaciones de nuestros representantes! Saldría una cantidad bastante mayor que la ahorrada en coches oficiales. Si en ese loro se ahorrarán unos diez millones, cuando los loros saben hablar me temo que podamos multiplicar por mil ese dinero. Naturalmente, ellos dirán que solo usan el móvil para su trabajo de representación. Lo que yo supongo es que, una vez que se tiene el aparato, se usará también por lo menos para llamar a casa. Y aunque solo fuera eso, si se multiplica por decenas de miles de cargos públicos con móvil, da para socorrer a unos cuantos desahuciados. Naturalmente, pagando usted y yo.