Los iPads

Mariluz Ferreiro A MI BOLA

OPINIÓN

Dicen que un día la vergüenza se encontró con la niebla y le preguntó: «Si te pierdo, dónde te encuentro?». La niebla respondió: «Si hace buen tiempo búscame en los valles y hondonadas. Si hace mal tiempo, en los cotos. ¿Y si yo te pierdo a ti?». Y la vergüenza dijo: «Tú intenta no perderme, porque nunca volverás a encontrarme». Dicen también que los diputados velan por la marca España. Y por los ciudadanos. Que representan la voluntad popular. Teóricamente, son algo así como la democracia hecha carne. Pero, a veces, sus señorías se pierden. Y pierden decenas de iPads pagados con dinero de las arcas públicas como si fueran esos céntimos peleones que se escapan por las traicioneras esquinas de los monederos dando quizás la medida de la solidez del euro. Y piden una rápida reposición del aparato, como si se tratara de no dejar huérfana la fila de cartones de leche en la estantería de un supermercado. Un detalle, sí. Una pequeña piedra que ni siquiera duele en el contexto de esta lapidación general de la sociedad. Pero una más que ayuda a levantar el muro entre los políticos y todos los demás. Quizás parezca demagógico aquello de exigirle a la mujer del César que, además de ser honrada, lo parezca. Quizás no merece la pena escandalizarse por unas decenas de miles de euros. Quizás se haya sacado de quicio que unos cuantos diputados extravíen las tabletas de última generación que se les había proporcionado por el simple hecho de pisar el Congreso. Pero Roma está en llamas. Y cada día suenan peor eso de acusar al ciudadano de perder la compostura con sus protestas y pataleos cuando otros pierden la perspectiva, los iPads y ciertas cosas que, como sabe la niebla, cuesta recuperar.