Ocurre siempre. Basta que suceda una tragedia para que en menos de 24 horas se detecten todo tipo de irregularidades previas. Un solo día ha sido suficiente para saber que miles de jóvenes que creían acudir a una fiesta de Halloween estaban siendo enviados en realidad, previo pago de 22 euros, a un matadero en el que todo parecía organizado para que el horror hiciera acto de presencia. Exceso de aforo, venta ilegal de entradas, acceso de menores, falta de medidas de seguridad, irregularidades administrativas. Todos saben todo ahora. Pero alguien tendrá que explicar a las familias de las víctimas por qué si es tan fácil averiguar lo que se hizo mal, nadie se tomó el trabajo de comprobarlo antes. Hoy, todo son lamentos. Pero mañana volverá a ocurrir.