La paradoja de Feijoo

Uxio Labarta
Uxío Labarta CODEX FLORIAE

OPINIÓN

02 nov 2012 . Actualizado a las 06:00 h.

Comprobado de nuevo que el Partido Popular es el preferido por los gallegos para que gobierne su destino, en una proporción de dos a uno respecto al siguiente partido más votado, y que Feijoo declaró -para propios y extraños- que los resultados obtenidos no son un cheque en blanco, hay una lectura derivada de esos resultados electorales que obliga al reelegido presidente y a su partido a una precisa reflexión.

Y tiene que ver con el nacimiento de lo que el analista Jaime Miquel denomina un «nuevo espacio ciudadano de ruptura», precisamente frente a una política económica única para Europa, de fuerte recorte del gasto y del déficit público.

Por ello los brillantes resultados del Partido Popular suponen a la vez una pérdida de 145.000 votos respecto a los obtenidos en el 2009, con la singularidad de que tal pérdida se produce en poblaciones de más de diez mil habitantes y sobre todo en las ciudades. Reductos de la parte más dinámica de cualquier sociedad, incluida la gallega, y donde se configura ese movimiento político de ruptura frente a las políticas económicas de los grandes poderes financieros.

Independientemente de cómo articule la Alternativa Galega de Esquerda su oposición en los próximos años, no hay duda de que la fuerte desafección hacia los socialistas, también más pronunciada en aquellas donde viven más de diez mil habitantes, complicará la acción de gobierno de Feijoo. Pues no es lo mismo gobernar frente a una oposición ahormada y sometida al sistema, o partícipe de la misma política económica europea, como han sido los socialistas desde el año 2009, que tener que hacerlo para responder a una ciudadanía desafecta, consciente y que expresa bien en la abstención y el voto nulo, bien en alternativas de ruptura, su opción política.

La nueva etapa del Gobierno de Feijoo le obliga a encarar los problemas aplazados en sus primeros cuatro años de gobierno. Sean estos el envejecimiento de la población y su dependencia, con más de la quinta parte mayor de 65 años, o los más de 250.000 parados, o los cerca de cuarenta mil emigrantes anuales. Amén de una Administración pública que hace agua en su eficiencia, y no por tamaño sino por organización y gestión, o una forma de gobernar lenta y/o torpe, que ha ido aplazando la resolución de los problemas bajo el mantra de la austeridad y la culpabilidad de Zapatero. Añádase a ello el nuevo escenario político de la organización del Estado, con la incertidumbre latente del País Vasco y Cataluña, y atisbarán la paradoja donde se sitúa la nueva etapa de gobierno de Núñez Feijoo. Cuando además la otra cara de la moneda del sistema no es ya, al menos en un dilatado tiempo, el Partido Socialista, sino ciudadanos desafectos e insumisos.