Se lo habrán dicho de mil maneras. Unos le llaman urna, otros hablan de comicios, estos de democracia y aquellos de elecciones. Yo le llamo libertad, y la amo. Y en nombre de la libertad escribo esta columna de un domingo que no es cualquiera. Y no lo es porque usted, y no otro, es el protagonista. Usted, con sus defectos y virtudes, elige. Elegir es también rechazar. Elegir, o rechazar, es ser dueño del propio destino. Yo le llamo libertad, insisto. Y por la libertad merece la pena hundirse y elevarse. Entristecerse y gozar. Unos pierden, otros ganan. En todo caso siempre los habrá protagonistas de la anécdota que contaba Josep Pla: «Esta mañana parecía que íbamos a ganar los de izquierdas, resulta que hemos ganado los de derechas», o al revés. Galicia es una fiesta. Estamos de celebración porque hoy escogemos el futuro, en disenso o consenso, discrepando o coincidiendo, pero libremente. Grito esta consigna que nunca debemos olvidar, especialmente nosotros, a quien la libertad nos ha costado tanto. Lo que el pueblo vote, bien votado estará. Con sus equivocaciones y aciertos no hay sistema mejor que la democracia: la opinión de usted, que lee esta columna entre café y cruasán. Usted, que cree y no cree, que grita o calla, usted tiene hoy el poder en sus manos. El voto construye una carretera al mañana, o sea, al futuro. Galicia vota, vota usted. He dicho muchas veces que no conozco un pueblo más maduro, sensato y sabio que el mío. Hoy, especialmente, lo repito. Es la libertad, y la amo.