El título es la traducción de su seudónimo. Mo Yan, el chino, nuevo Premio Nobel de Literatura, significa No hables. De niño, era el pequeño de cuatro hermanos, y, con el fin de protegerlo, su padre le dijo que era mejor que se hiciera pasar por mudo. Y así estuvo veinte años. En todas las entrevistas, Mo Yan cuenta esta experiencia y su dura infancia como el auténtico motor de su escritura. Cuando empezó a hablar, comenzó también a escribir una literatura que trenza realismo y sátira para desnudarnos ese imperio que es China. Su nombre no sorprendió ayer. Estaba en las quinielas. En el 2000 se premió a otro chino, Gao Xingjian, pero tenía nacionalidad francesa y vivía en las afueras de París en una torre de apartamentos como un occidental más. Mo Yan sigue activo en China. Ama la literatura de García Márquez. Dice la crítica que su obra es sólida como una montaña y que la Academia ha apuntado bien. Con su novela Sorgo Rojo, Zhang Yimou ganó el Oso de Oro en Berlín, en el 88. Expertos en su trabajo señalan que hay pinceladas de Kafka y de Joyce, palabras mayores. Su nombre verdadero es Guan Moye. El jurado del Nobel ha hecho geopolítica una vez más.