Las han señalado con el dedo desde algunos de esos importantes despachos políticos y financieros europeos en los que se ponen los deberes a los países pobres y endeudados que dependen de los préstamos para subsistir. Las comunidades autónomas aparecen en esos cenáculos en los primeros puestos entre los causantes de nuestra deteriorada situación económica.
Sus presidentes se reúnen hoy por primera vez en tres años. Y lo hacen con las mayores diferencias en sus planteamientos sobre las vías para afrontar la salida de la crisis y el futuro del sistema. Desde la reclamación de estructuras de Estado propias a la propuesta de devolver competencias a la Administración central. Desde el recorte en un 20 % a la reducción a la mitad del número de diputados autonómicos y la eliminación de su salario. Desde la demanda de rescate para afrontar los pagos inmediatos a la afirmación rotunda de que unos cumplen y otros piden.
Con tales diferencias, con propuestas aparcadas desde hace años como la de la Administración única de Manuel Fraga y otras actuales como la que pretende presentar el presidente andaluz para evitar las denostadas duplicidades, la reunión de hoy podría servir para empezar a poner sobre la mesa las reformas que garanticen la sostenibilidad del sistema y la necesaria solidaridad interterritorial.
Pero todo apunta a que se quedará en protocolaria declaración de que las autonomías no son el problema y harán sus deberes. Y todo seguirá en el cada vez más inestable equilibrio actual. No vayan a aparecer las diferencias que hay incluso en el partido que gobierna.