La caldera

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

27 sep 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Les voy a dar un dato: el pasado viernes, día 21, se celebraron en Madrid 33 manifestaciones. Para que no haya dudas, lo escribo en letra, como un talón bancario: treinta y tres. Todas autorizadas. En lo que va de año, el número de manifestaciones en la capital superó las 2.000, que da una media de 5,5 diarias. No sé de dónde sale tanta gente, pero así de sublevado anda el personal. Naturalmente, pocas veces son noticia, con una excepción: las de este último martes en zonas próximas al Congreso y que por sus imágenes violentas suscitaron la polémica habitual sobre excesos en la represión policial. Según la Delegación del Gobierno, no hubo más de 6.000 manifestantes. Pero, a la vista de la repercusión política y mediática, parece que esto hubiera sido el mayo francés.

¿Excesos en la represión policial? Es posible, pero ya me contarán cómo se contiene a una masa que rompe la línea de seguridad y puede llegar al Congreso. Ya me dirán cómo reaccionan los guardias cuando a un compañero lo tumban de una patada en los testículos. Ya me explicarán qué hacen cuando otro compañero es agredido hasta tres veces en el suelo. Todo esto lo hemos visto en televisión, y está muy bien defender los derechos de los manifestantes, pero los antidisturbios no suelen actuar pidiendo por favor que se despeje la calle.

Donde hubo excesos ha sido en todo lo demás: en la expectación creada por las autoridades, que presentaron la concentración como un atentado contra la democracia y la Constitución; en las palabras de la número dos del PP, señora De Cospedal y otros compañeros de militancia, que compararon la acción con el golpe de Estado del 23-F; en mucha prensa internacional, que presentó la protesta como una sublevación general del país; y en el ministro del Interior, que dijo que era una concentración manifiestamente ilegal y nos dejó a todos preguntando: si era tan ilegal, si atentaba contra la Constitución, si estaba tipificada en el Código Penal, ¿por qué se autorizaron esas manifestaciones? ¿O se autorizan para mandar después a los guardias a reprimirlas?

Empiezo a sospechar que muchas de las reacciones políticas y los juicios a la policía están sobreactuados. Y el tema no es ese. El tema es que este país empieza a ser una caldera hirviendo que puede reventar. Los incidentes del martes son una expresión del cabreo social que se está acumulando. Y el indicio es alarmante: una vez que resulta inútil esperar algo de la clase política, se apunta contra todo el sistema. Y no le hable usted de democracia ni normas de respeto a un nini, un padre de familia sin empleo o un desahuciado. ¿Qué menos pueden hacer que protestar?

Y menos mal que todavía no buscan desahogo en la rebelión.