Las dos caras del Partido Popular

OPINIÓN

El profesor Duverger, que fue referencia para los políticos de la transición, recordaba con insistencia que la política tiene dos caras contradictorias, que pueden emerger y hacerse visibles en cualquier momento y nivel. Y por eso, siendo géminis, y comparando mis experiencias con las que me brindan mis ilustres sucesores, recuerdo con admiración aquella entradilla -Las dos caras de Jano- que daba paso a uno de los párrafos más sustanciosos de su Sociología Política.

Y en eso pensé el sábado, cuando Rajoy y Núñez comparecieron por separado en la precampaña gallega, luciendo un agudo contraste entre la frescura confiada del presidente de la Xunta -que, siguiendo la tradición fraguista, ya lo tiene todo arreglado o a punto de caramelo-, y la abrumada expresión de hastío del inquilino de la Moncloa, al que le crecen los enanos, le huyen los aliados y le retornan todos los bumeranes, como si fuese Sísifo en su eterno suplicio. Viendo a Núñez creí que el Partido Popular ya tenía en el bote la mayoría absoluta. Y viendo a Rajoy tuve la sensación de que Galicia puede ser gobernada por un x-partito de imprevisible factura. Dos personas distintas, diría el padre Astete, para un solo PP verdadero.

Por eso no entiendo que haya sido Mariano Rajoy el que, en vez de explicarnos de qué va el cuento, y pedirnos los sacrificios y la paciencia que sea menester, se encargó de prometernos la subida de las pensiones y la inminente salida de la crisis. Porque teniendo en cuenta que no ha cumplido ninguna de sus promesas, ni acertado ninguno de sus vaticinios, ni ganado ninguno de los pulsos que tuvo con las autoridades europeas, ni tomado por iniciativa propia ninguna de las decisiones que nos han llevado a los rescates, es de temer que la mayoría de los gallegos hayan sentido más pánico que alivio, y hayan iniciado las salmodias, jaculatorias y conjuros que pueden librarnos de tan endeble paraíso.

Lo curioso es que yo creo que el rumbo que mantiene Rajoy, aunque sea pasivamente, es más seguro y acertado que la Jauja expansiva de Rubalcaba, y que le temo mucho más a una subida imprudente del sueldo que a un nuevo y prudente recorte. Pero no puedo entender que nadie se atreva a decirle a Rajoy cuál es el nivel de su imagen y de su credibilidad, y qué cara se le puso -la cara es el espejo del alma- con los datos de su gestión. Porque si van a dividir los discursos entre un fraile bueno y un fraile malo, como hacían los franciscanos en las misiones, creo que las promesas tiene que hacerlas Feijoo, mientras Rajoy nos motiva a la salvación por el sacrificio purificador y el temor al infierno.

A decírtelo, Mariano, ya sé que no se atreven. Pero léeme al menos, y no te aísles de esa verdad que solo puede decirte quien ni te teme ni es tu enemigo. Porque el periódico, por solo 1,20 euros, sale todos los días.