Gracias a Cáritas

Ramón Pernas
Ramón Pernas NORDÉS

OPINIÓN

Mejor debía titularlo sin preposición, agradeciendo a Cáritas su compromiso, su labor social, su tutela, la acogida, la asistencia, el consuelo, la gestión de los recursos disponibles entre quienes no disponen de recursos. Debía escribir gracias Cáritas, porque gracias a Cáritas sentimos un orgullo solidario quienes todavía no hemos renunciado a creer en las personas.

El panorama es desolador. Un ejecutivo publicitario, exitoso, que dos años atrás presidía una empresa que mantenía una nómina de quince personas, gracias a Cáritas sobrevive con dignidad. No es un excluido ni un fracasado a sus cincuenta y muchos años; es solo una víctima de esta maldita e injusta crisis que se está llevando por delante empresas y personas.

No es una leyenda urbana, ni una historia aislada. Según el más reciente informe de la entidad, la organización atiende directamente a 1.015.276 personas, incrementándose sobre el año 2007, que fijamos como el inicio de la crisis, en un 174 %.

Vivimos bordeando la pobreza, medio millón de ciudadanos ya sufren de pobreza crónica. Y una legión de desempleados mayores de cincuenta y cinco años contemplan sin esperanza alguna el horizonte laboral que para ellos no va a existir jamás. El informe, en palabras de su coordinador Francisco Lorenzo, señala que «se ha comprobado que la pobreza que se genera en épocas de recesión no se compensa durante las de bonanza». Y añado que no hay indicios que anuncien la llegada de una época mejor. Las previsiones apuntan a seis millones de desempleados al final del año.

Cáritas está al límite de su capacidad para seguir prestando la ayuda creciente que la sociedad está demandando. Propongo que la solidaridad se multiplique y que donemos a las diferentes delegaciones de Cáritas el importe diario de un café, ese euro que, aunque no nos sobra, sí es prescindible, que ensanchemos la cadena de solidaridad que está en nuestro ADN de pueblo generoso, en la columna que vertebra nuestra pertenencia a una cultura que nos hizo libres.

La Iglesia católica, que da forma a la primera estructura de Cáritas, incardina nuestra forma de mirar a quienes sufren, a los excluidos, a los caminantes que se pierden viajando a través de la niebla. Cáritas nos reconcilia con nosotros mismos, con nuestro paisaje humano. Nos hace sentir orgullosos y redimensiona, reformatea nuestro corazón. Por todo ello, y por mucho más: gracias Cáritas.