Un adelanto electoral tiene, a veces, la virtud de desbloquear situaciones enquistadas para retomar la acción política con renovadas fuerzas. Pero también hay ocasiones en que acelerar la llamada a las urnas deja sin resolver cuestiones para las que hay compromisos en firme y para las que el tiempo no sobra.
El presidente Feijoo se implicó personalmente y anunció que trabaja en fórmulas para sacar del atolladero al moribundo sector naval. Incluso en cuestiones que escapan a su competencia. Los más optimistas siguen augurando que las buenas noticias están al caer, y él mismo dice estar tranquilo. Los descreídos se apuran a pregonar que de sus pretensiones ni una se va a traducir en contrato firme antes de que deje Monte Pío. Claro que tiene la oportunidad de volver y evitar que el reloj se pare.
Las cosas parece que se están torciendo para que Navantia -ya sin apenas una chapa que cortar- pueda construir los quimiqueros de Pemex. La dirección de la compañía ha reconocido a los representantes de los trabajadores que su oferta no es competitiva. Algunos lo dijeron cuando Feijoo anunció el acuerdo marco: el astillero ferrolano tiene capacidad de sobra para otros trabajos -más grandes y de mayor desarrollo tecnológico- pero no para pujar por una obra de ese tipo.
Alguien dará palmas con las orejas si Feijoo no puede exhibir resultados incontestables en ese terreno durante su campaña. Pero para Galicia es una desgracia. Si no nos salva la campana, una vez más llegamos a unas elecciones con la promesa de salvación del estratégico sector naval -hecha ya por Gobiernos de todos los colores- metida en el congelador.