Quienes deberían atacar al etarra Bolinaga son las sociedades protectoras de animales. Bolinaga tuvo encerrado a Ortega Lara más de quinientos días en un agujero, pero, según él, lo que tenía allí era un perro. Bolinaga se va a morir, como usted y como yo.
Parece que lo que se discute es un asunto de plazos. Dicen que le queda poco (qué es mucho y qué es poco, que dirían en Barrio Sésamo). Los etarras, como los inuits, son los verdaderos hombres. Los demás somos perros, y los etarras cuelgan a los perros de los árboles.
Antes la enfermedad daba grandes obras literarias, como la de Proust, que si no llega a ponerse bueno, su busca del tiempo perdido tendría más tomos que el Espasa. En la infancia de muchos escritores se agazapaba una larga enfermedad lectora. Ahora la enfermedad sirve para que aflore el nuevo racismo español contra los emigrantes o para que Ruiz Mateos, el inefable, se escamotee a la Justicia. Ochenta y dos años es una edad estupenda para los delitos económicos, que exigen poco esfuerzo físico, pero es muy mala edad para estar preso.
Entre tanto, a quien hemos metido entre todos en la cama es a la ya famosa pintora de Borja, que convirtió al eccehomo en un eccehomo, el agua en agua, para disgusto del capitán Haddock.
Yo, si fuera el alcalde de Borja, montaba un negocio con esa cara de Belmez, que con la cantidad de parados que nos quedan será mejor hacer turismo religioso que asaltar supermercados.