E l día que el etarra Josu Uribetxeberria Bolinaga se vaya a dormir a su casa, muchos sentiremos la satisfacción y el alivio por saber que se ha aplicado la ley. Como a cualquier otro recluso que en sus mismas circunstancias se haya ganado, desgraciadamente para él, la gracia de la excarcelación. Pero mientras tanto, a ver si nos pueden liberar de asistir a debates que comenzaron siendo cómicos pero que ya son obscenos.
Porque se puede pedir el tercer grado para Uribetxeberria Bolinaga por motivos múltiples. Porque es una lata que se muera en la cárcel, porque se pasa las noches en vela porque la cama es dura o porque le sientan mal los menús. Pero recurrir a razones humanitarias, como se está recurriendo desde algunos sectores, para exigir su libertad resulta francamente molesto.
Las razones humanitarias deberían estar reservadas a los que saben de ellas. No a quien mantiene secuestrada a una persona en una jaula durante año y medio. Y quienes ahora utilizan este definitivo argumento podían haber echado mano de él entonces.
Así que Uribetxeberria Bolinaga se vaya a su casa y nos deje en paz. Quedan otros trece etarras en situación parecida. También. Que los manden a casa cuando les llegue el momento. Pero que no vuelvan a hablarnos de razones humanitarias. Que es un insulto.