Cuatrocientos

Mariluz Ferreiro A MI BOLA

OPINIÓN

Grandes números vuelven a preñar de nubarrones el horizonte de Europa. Otra vez. Un rosario que asusta. Porcentajes. Millones de euros en producto interior bruto. Todo para aliñar la misma palabra, ya desgastada en los últimos años: recesión. Es un escenario tan gigantesco como impersonal. Pero los que se asoman a las colas del paro ven allí los números hechos cuerpo y alma. Se encuentran con el drama ordenado en filas, con personas que intentan agarrarse al último recurso disponible porque el suelo que creían fiable ha desaparecido bajo sus pies. Allí, en las ya rutinarias procesiones del desempleo, donde las dolorosas y los crucificados toman vida, es donde cobran valor real los tan mentados 400 euros. Posiblemente se trata de una cantidad que resulta exigua a los ojos de aquellos que todavía viven flotando en su particular burbuja. Para los diputados del Parlamento gallego, por ejemplo, 400 euros son solo la sexta parte de la cantidad fija destinada mensualmente a gastos de alojamiento y manutención, el gran bocado a disposición de sus señorías que ni siquiera tributa a Hacienda. Y 400 euros están a años luz de los 300.000 euros anuales en los que se ha situado el techo para los banqueros de las entidades financieras que han sido nacionalizadas (en realidad, suponen el salario de media jornada). Quizás de ahí el suspense veraniego sobre la prórroga de esta ayuda. Esos días de espera sin respuestas claras. Puede que algunos creyeran que, en el fondo, no era para tanto. Al fin y al cabo, parecen las migajas del sistema. Solo 400 euros. Ni más. Ni menos. En realidad, el todo o nada para muchos.