En una situación límite como la actual, los dirigentes políticos deberían cuidar mucho lo que dicen. Porque hay frases dañinas que hieren en lo más hondo y aumentan la indignación cada vez mayor de una población al borde del estallido social. Lamentable fue el tristemente famoso «¡que se jodan!» de la diputada Andrea Fabra, después de que el presidente del Gobierno anunciara recortes en las prestaciones de los desempleados en el Congreso. Muy poco afortunada también la despedida de Mariano Rajoy tras la rueda de prensa con la que daba por iniciadas sus vacaciones: «Feliz verano, al que pueda». Ayer, el portavoz del PP, Alfonso Alonso, se postuló como aspirante a la frase más ofensiva del 2012 al decir que con los 400 euros para los desempleados sin prestación se está pagando a los «parados de Zapatero». Siguiendo esa lógica, ¿los que se han quedado sin trabajo desde que cambió el Gobierno, elevando el número de desempleados a la cifra récord de casi 5,7 millones, son «de Rajoy»? ¿Son acaso diferentes? ¿Merecen un trato distinto? ¿Por eso se les está regateando la ayuda? Esta declaración tenía lugar mientras un problema contable está retrasando el pago de esa cantidad mínima de subsistencia y sin que el Gobierno haya aclarado todavía si va a a prorrogarla, manteniendo una incertidumbre incomprensible.
Los ciudadanos, los parados, las 1,7 millones de familias con todos sus miembros sin trabajo, podrían caer en la tentación de unir esas frases en una sola: Los parados de Zapatero que se jodan y feliz verano para los que puedan. Es que hay gente muy mal pensada, sobre todo si está desesperada.