La dramática situación actual exige recortes en todos los ámbitos. La austeridad es el marco que nos circunda. Rebelarse es irracional. Supone ocultar con malicia la realidad o desconocerla por negligencia. Lo primero obedece a espurios fines electorales: pan para hoy y hambre para mañana para la sociedad engañada y para el político embaucador. Lo segundo, a incompetencia. En ambos casos, se agrava la crisis.
Admitido el ahorro, comienza el debate. ¿Qué debe priorizarse? Se precisa jerarquizar el gasto público. El político puede tratar de complacer al electorado o gobernar con criterio sea o no impopular. Lo primero es demagogia populista; lo segundo, hecho con fundamento, debe practicarse en situaciones excepcionales como la presente. El gobernante, como el médico, debe aplicar el remedio doloroso para eliminar el mal.
Estas reflexiones me asaltan al leer en La Voz los recortes operados en el profesorado de centros públicos gallegos, no universitarios. La educación debe ser siempre un campo prioritario. Lo gastado en formación es inversión. No hay enseñanza de calidad sin los profesores necesarios -ni uno más pero ni uno menos-, motivados y competentes. Buenos docentes que, con vocación, enseñen conocimientos y eduquen personas. Una sociedad que cuida y valora a sus profesores construye un país con futuro.