13 jul 2012 . Actualizado a las 07:00 h.
Consideraciones particulares aparte, es esperpéntico el momento que vive España. Mientras la asfixia económica llega a la ciudadanía, que asume sobre sus espaldas problemas que en una economía desarrollada debieran de ser de todos (la dependencia), los políticos de este país se tiran los trastos a la cabeza. No son capaces de llegar a un pacto de Estado cuyas directrices sean las que dirijan a este país fuera del atolladero.
Los ciudadanos no votan a 17 Parlamentos autonómicos, a 8.116 ayuntamientos y a los más de 500 congresistas y senadores, a los que habría que sumar los 80.000 servidores públicos que tenemos en Bruselas, para vivir en la miseria. Pagarles sus sueldos tiene que servir para algo más.