Estos días viví una interesante coincidencia: Un buen amigo mío estaba preocupado con sus ahorros familiares porque un asesor financiero internacional radicado en Estados Unidos le aconsejó que tomara medidas porque España podía ser intervenida; al día siguiente, otro amigo cuyo hijo ocupa un alto cargo en la Reserva Federal de Estados Unidos, recibió una llamada en el mismo sentido. A ambos pregunté por la causa de esos temores, y la respuesta fue unánime: todas las organizaciones desconfían de que España pueda hacer frente a los intereses de la deuda y a la deuda misma como consecuencia del excesivo coste de las Administraciones y de la clase política. No confían en que el Gobierno pueda hacer entrar en cintura las autonomías, como tampoco confían que sean capaces de reducir organismos, municipios, Parlamentos y asambleas de todo tipo y toda la pléyade de altos cargos y asesores. Los más radicales hablan de entrar a saco para eliminar los Gobiernos regionales, mientras los más moderados prefieren reducirlos y también sus competencias y controlar de manera efectiva sin margen a la discrecionalidad las decisiones de gasto. Algo que a los primeros les parece imposible de conseguir a corto plazo. En esta dirección apuntaba también el magnífico editorial del presidente de este diario.
También estos días me llegaron, como supongo que a muchos otros, mensajes por Internet comparando los cargos políticos españoles con los de otros países europeos. Aquí somos los primeros. Tanto que mientras el salario medio es la mitad del alemán, el sueldo de los políticos es el mismo. Por eso seguramente hay más políticos que médicos, que profesores, que jueces y que casi todo. A este paso habrá más políticos en activo que trabajadores cotizantes. Tenían razón los ciudadanos cuando decían en las encuestas que el principal problema de España, tras el paro ahora y el terrorismo antes, era la clase política. Y no parece que sean los políticos, que desvían siempre el tiro hacia los funcionarios y empleados, los que se hagan el harakiri, porque siguen prefiriendo guardar sus bolsillos, sacrificar a los trabajadores y llevar el país a la pobreza. Por eso a lo mejor tienen razón los americanos, porque si no se interviene desde fuera, desde dentro seguiremos igual. De hecho ellos también hablaban del «corralito», no vaya a ser?