Cuchillos


Cada semana se anuncia un San Martiño. Se afilan las hojas de metal y después caen como si fuera el peor otoño. Llueven los cuchillos sobre las cabezas. Nuevos ajustes sobre viejos derechos. Bajo la cantinela matemática de que se obtiene más ordeñando a un rebaño de ovejas que a cuatro vacas sagradas. Con la certeza de que hay que apalear a unos para que otros confíen. Sin espacio para las consideraciones morales. Pero cada vez queda menos tela que cortar en este traje. Y se pisan campos por los que quizás la hierba cultivada durante generaciones ya no vuelva a crecer. Pero algunos, aunque tropiecen, siguen caminando sobre suelo alfombrado, briznas que nunca mueren. Un exconsejero delegado de Barclays, salpicado por un escándalo proporcional a su cargo, en el que los intereses supuestamente se manipulaban por el interés propio del banco, ha renunciado a unos bonus atrasados que tenía pendientes. Un detalle. Porque eran 25 millones de euros. Eso sí que es un esfuerzo y no pequeños gestos como el copago farmacéutico o la subida del IVA. Bob Diamond cobrará solo una cantidad equivalente a doce meses de salario. El año pasado se embolsó casi 18 millones (y es improbable que este señor haya invertido los ahorros de su vida en preferentes). Mientras unos se desangran en la crisis, otros que soplaron y soplaron hasta que la casa del cuento derribaron reciben pequeños pinchazos, una suerte de acupuntura preventiva. Si Jack el Destripador viviera a estas alturas preferiría sin duda la City al barrio de Whitechapel. Hoy en día para mutilar de verdad al personal ni siquiera es necesario mancharse de sangre. Porque todas las semanas es San Martiño.

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