Cuando Mariano Rajoy definió la subida del IVA que perpetró Zapatero como el sablazo del mal gobernante, no intuía que él tendría que hacer lo mismo. Estas cosas, estas frases, esos dislates demagógicos, tienen que ser recordados alguna vez para que los políticos aprendan a controlar sus impulsos. Casi todo lo que critican en la oposición lo tienen que hacer cuando se encuentran en el poder. ¿Por qué? Porque al llegar al Gobierno se convierten en ejecutores de los dictados de otros, llámense mercados o llámese Comisión Europea. Ya he contado alguna vez la advertencia de José Blanco: la subida del IVA es la única reforma que entiende Europa, porque es la única que proporciona ingresos visibles.
Parece, por tanto, que los agobiantes poderes supranacionales han impuesto su voluntad, al ministro de Hacienda no le queda más remedio que confirmar la subida, y los dirigentes del PP se tienen que tragar sus palabras de oposición. Si entonces buscaban un titular electoral y doliente, ahora les toca ser sus actores principales. Pero eso es lo de menos, señores. No me he puesto a escribir para criticar palabras que el viento de la crisis se ha llevado. Lo trascendente es que la decisión está tomada y Mario Draghi acaba de hacer una cruda advertencia: subir el IVA puede agravar la recesión. Quien afirma eso no es un mindundi columnista de periódicos, sino el presidente del Banco Central Europeo.
Vamos a ser claros. Probablemente esa medida sea inevitable porque tenemos uno de los IVA más baratos de toda Europa y porque el Estado necesita recursos urgentes para ajustar sus cuentas. Cuando no hay de dónde sacar, lo más fácil, sin elecciones a la vista, es acudir al Boletín Oficial del Estado y extraer dinero del ciudadano por la vía rápida. Técnicamente es de libro. Políticamente, una decisión obligada para dar satisfacción a las exigencias europeas. Socialmente, que me disculpen los sabios, es un nuevo golpe a la sociedad y me temo que Draghi tenga razón: puede agravar la recesión.
Subir el IVA es un castigo a unas clases medias ya empobrecidas. Hunde sectores como el de la restauración y el comercio. Deteriora todavía más la capacidad adquisitiva de las familias. Recorta el presupuesto de gasto de los hogares. En consecuencia, vuelve a abrir el círculo perverso de la crisis de la economía real: a menos consumo, menos producción y a menos producción, más despidos y más paro. ¿Es eso lo que necesita la economía española? ¿Es eso lo que necesita el ciudadano para animarse y salir de su depresión? Yo creo que es todo lo contrario. Creo que se va a cavar un nuevo foso económico. Y creo que se está empezando a hacer una política económica quizá necesaria, pero sin corazón.