Por lo menos, tengan compasión del ciudadano

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

Parece que el recibo de la luz vuelve a subir. Ayer se celebró una de esas subastas de electricidad que utilizan para justificar la subida y, dicho sea con los debidos respetos a no sé quién, nos la van a colar. Empieza trimestre, las compañías necesitan ir cobrando su déficit tarifario, y el Gobierno les va a echar una mano, porque es el socorrista de quienes están en apuros siempre que sean grandes, poderosos y eventualmente puedan colaborar en la financiación de alguna campaña electoral. En alguna lo han hecho, y dice la leyenda que con abundante generosidad.

Nunca entendí cómo se hace la subasta de electricidad. Supongo que es un procedimiento correcto, diáfano e indiscutible por los demás mercados. Supongo también que quienes deciden la tarifa a partir de su dictamen son gente equilibrada que no se dedica a atracar al consumidor con una buena disculpa. Si se dedicaran a atracar, habría que perseguirlos con el Código Penal. Puesto a pensar bien, supongo que el encarecimiento de las materias primas y otros factores justifican la subida. Y supongo, por último, que el Ministerio de Industria hará esos singulares equilibrios de siempre para convencernos de que suben el precio a los ricos y lo bajan al común de los consumidores. Es una liturgia muy ensayada.

Todo ello no impide que hoy dedique esta crónica a pedir compasión. Señores que dirán la última palabra, tengan compasión del ciudadano. Las razones de las eléctricas y sus accionistas pueden ser defendibles; pero el ciudadano común que no cobra dividendos está sufriendo lo que no está escrito. Estos días está pagando un IRPF más caro que hace un año. El precio de los medicamentos se les encarece como consecuencia de los recortes. Quien quiera enviar un hijo a la universidad tiene que pagar nuevas tasas muy altas. En multitud de empresas hay que asumir una rebaja de salarios para mantener el empleo. Se estudia una subida del IVA que pondrá mucho más cara la cesta de la compra. Cada pocos días se publican estadísticas de miembros de la antigua clase media que se alimentan de la bondad de Cáritas o de la Cruz Roja. Y el señor Rajoy anuncia nuevas medidas difíciles que no tienen ninguna pinta de ser un regalo a la sociedad.

Ese es el panorama al que se enfrenta el ciudadano español. Yo solo advierto que a ese ciudadano se le están endosando demasiadas obligaciones. A base de precios, impuestos, tasas y castigos diversos se le está empobreciendo de forma acelerada. Se le hace pagar todas y cada una de las deudas contraídas por otros. Como sigan así, un día de estos se va a cabrear y romper la baraja. O se reparten mejor las cargas, o se acaba esa fantástica tolerancia de que tanto presume el señor Rajoy.