El nuevo horizonte afgano

Gonzalo Parente VENTANA AL MUNDO

OPINIÓN

El viaje que el presidente de EE.UU. acaba de realizar a Kabul tiene un gran significado estratégico y merece un breve análisis, por las consecuencias que va a originar. Primero, el candidato demócrata a las elecciones de noviembre ha hecho uso de su privilegio como comandante en jefe para anunciar a los soldados el fin de la guerra más larga que ha librado Estados Unidos. Significa un éxito político ante los electores, pues eso era lo que quería el pueblo norteamericano. Segundo, ha adquirido un compromiso con Afganistán, al firmar un tratado de paz y cooperación, condiciones necesarias para que se recupere el nivel de vida de los afganos. Se ha comprometido a retirar las fuerzas; sin embargo, EE.UU. va a seguir apoyando política y económicamente al país hasta el 2024. Han estado negociando con los talibanes sobre su incorporación en paz a la sociedad afgana, aunque esto no está logrado en su totalidad, porque exigen la liberación de prisioneros para negociar en firme. Ahora Afganistán tiene unas fuerzas de policía y militares nuevas y potentes, que pueden hacer frente a los talibanes y son los responsables de la seguridad en todo el país. Hubo muchos esfuerzos y víctimas para pensar en que vuelvan a lo mismo, pero el futuro es incierto.