Un radical

Carlos Agulló Leal
Carlos Agulló EL CHAFLÁN

OPINIÓN

Repensar y evaluar. Y el viernes, recortar. Es lo que viene haciendo Mariano Rajoy desde hace algo más de cien días. Recortar el coste del despido. Recortar prestaciones. Recortar salarios, también por la vía de los copagos y repagos. Y algunas veces, cobrar. Por el uso de las autovías. Por la comida en el hospital. Y un poco más por el IVA. Estos últimos son anuncios, sí. Pero la corta experiencia enseña que primero se enseñan las banderillas al tendido y a continuación se coloca el par. Con un par.

Pregona el corifeo popular -no el del pueblo- que no queda otro camino para enderezar el rumbo y, sobre todo -aunque esto no lo dice con todas las letras- para cumplir el dogma que establece una cifra de déficit público más allá de la cual están las puertas del infierno. Ya lo dijo el ministro Montoro: «Llevamos desde mayo del 2010 bailando en el lado más peligroso del abismo». El caso es que lo mismo que Dios aprieta pero no ahoga, se ve que la política del megaajuste viene con efecto secundario. A poco que nos descuidemos, nos vamos precipicio abajo.

Rajoy anunció ayer que sigue repensando y evaluando. Esta vez para eliminar aquellas entidades y organismos que dupliquen competencias, que no aguanten la prueba de resistencia y que tengan un coste desproporcionado. Si el presidente mantiene su modus operandi, estaría anunciando reformas de enorme calado. Supresión por decreto de unos cuantos ayuntamientos, eliminación de las diputaciones provinciales y, tal vez, amortización de un buen porcentaje de los cargos públicos. ¿Será un radical el expresidente de la Diputación de Pontevedra?