Rosario, Bielsa


Rosario existía ya antes de que allí naciera el Che Guevara. Newell?s, uno de los equipos de la ciudad argentina, sigue su camino contemplando a lo lejos los destellos de Leo Messi como aquel que se asoma a la ventana de puntillas para ver los fuegos artificiales de las fiestas del vecino. Y Rosario y Newell?s continuarán después de Marcelo Bielsa. Pero, aunque el mundo siga rodando, hay personas que a su paso dejan una huella, un rastro que, si es más profundo, se explica mejor con palabras que con cifras, porque va más allá de las matemáticas para adentrarse en las emociones. Una de esas huellas se sigue en el reportaje Descubriendo a Bielsa. El documental de Informe Robinson tiene trazas de película de Campanella. Tiendas ancladas en tiempos mejores, revestidas de digna decadencia. Una antigua encargada del bar de Newell?s, Nelly Díaz, cuya mirada desprende aquella misma luz con la que Norma Aleandro llena la pantalla en El hijo de la novia. Nostálgicos exdirectivos de club que parecen salidos de Luna de Avellaneda. Porque en esa radiografía de Bielsa sin Bielsa moran personajes dignos de vivir en el cuento de Fontanarrosa, de ser una reencarnación del viejo Casale en carne de Newell?s. Entre todos pintan el retrato de un genio loco, un niño de una familia de ilustres abogados que enfermó de fútbol y que ya nunca se curó. Pero también se dibujan a sí mismos con un puñado de frases que destilan ingenio y humanidad. Como las palabras con las que un dirigente de Newell?s intenta que Bielsa deje de darle vueltas a una de sus primeras derrotas con el primer equipo cuando casi todos se han ido ya del vestuario: «Es muy domingo». Es muy Rosario.

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