Es tradicional suponer que el nicho de votos de los pensionistas beneficia al PP, pero lo cierto es que los más concienzudos estudios sociológicos dan un empate entre los mayores de 65 años que votan a los populares y los que se inclinan por el PSOE. Esos veteranos que han conocido tiempos fáciles y difíciles del país han sido igualmente castigados por los dos partidos: si uno les congeló las pensiones, el otro las mejoró escasamente pero anuló el efecto y aun modificó el signo del resultado económico con el cambio en el IRPF y el pago de un porcentaje de los medicamentos. En los dos casos, precedidas tales medidas de declaraciones de no beligerancia con nuestros mayores. Si no se tratara de un segmento de población que tiene muy anclado el voto, nos encontraríamos con cientos de miles de mayores sin partido al que votar, ya que es bien sabido que generalmente ese segmento no contempla otra opción que la templada que representan socialistas y populares.
Todo hasta que alguien con capacidad de liderazgo y organización monte un partido de pensionistas con el objetivo fundamental de defender sus intereses. Tarea difícil pero no imposible que vendría a complicar la existencia al Rajoy y el Rubalcaba que en ese momento dirigieran los partidos mayoritarios y que hablarían de corporativismo.
¿Pero hay alguien más corporativista que Partido Popular, PSOE y los partidos con opción de gobernar?