Un pleito largo


Los cronopios de Cortázar. Las bibliotecas infinitas de Borges. Fogwill escribiendo a la velocidad de la luz. El pitillo encendido de Gardel en su estatua de bronce en el cementerio de la Chacarita. El fútbol, en casi todas sus formas y maneras. Argentina es un país rico en talento. Y rico en carne. Y rico en gas. Cristina Kirchner ha cumplido la amenaza. Dejó pasar el fin de semana y parecía que todo había vuelto a su cauce. Que el ardor de los ministros españoles había hecho efecto. Nada más lejos de la realidad. Llegó el lunes y la presidenta de Argentina siguió adelante con su pulso y su plan. Nacionalizó y lo contó a través de la cadena nacional desde la Casa Rosada. Vestida con una blusa negra y con un grabado de Evita Perón detrás, Cristina Kirchner se convierte en una nueva pesadilla para Rajoy. Con alusiones a que la decisión le hubiese gustado a su marido muerto, Argentina hace buenos los carteles que clamaban por la energía. Primero agitó la bandera de las Malvinas y ahora agita la del petróleo. El conflicto está servido. España se enfrenta a un contencioso enorme. Y allá viven casi cuatrocientos mil españoles. El pleito será largo, de diván.

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Un pleito largo