V amos a ver: si el Gobierno hace unos Presupuestos que no pueden ser más austeros; si recorta inversiones y gastos de todo tipo; si anuncia un férreo plan de recaudación fiscal; si plantea un ahorro de diez mil millones en educación y sanidad; si sus ministros y presidente tienen justa fama de rigurosos, solventes y cumplidores, ¿alguien puede explicar qué está pasando con los mercados? ¿Alguien tiene la clave de por qué sube tanto la prima de riesgo, hasta el punto de situarnos en el pórtico del rescate?
Las preguntas son infinitas, y la respuesta solo puede ser una: que, a pesar de todos los esfuerzos, de todos los ahorros y de toda la exposición de modelos de tijeras, los mercados no se lo creen. Ven tanta deuda externa, que consideran que las medidas son insuficientes. Contemplan tantos agujeros, que creen que no produciremos dinero para llenarlos. Y no descarten ustedes la teoría de la conspiración: los piratas de los mercados, al ver que el Banco Central Europeo ha dejado de desparramar dinero, se han dicho que esta es la suya y mueven los resortes para subirnos los intereses de la deuda.
A esas circunstancias hay que añadir otra: nuestro serio, riguroso, solvente y cumplidor Gobierno lanza ideas al ruedo (por ejemplo, los diez mil millones últimos), pero sin detallar cuál es el plan, de dónde se piensan sacar y cuál será el modelo resultante. Y claro: unos señores, profesionales de la especulación y de la seguridad de sus inversiones, que calculan tanto y con tantas artes cómo hacer florecer la planta del dinero, no se basan en intenciones, sino en hechos. Si a usted mismo, lector, le dicen que solo con administrar bien y racionalizar el gasto se ahorran diez mil millones, ¿se lo creería? Por todo ello, lo más urgente que tiene que hacer Rajoy es aclarar su proyecto y cortar el cachondeo de propuestas, que esto ya parece una asamblea de políticos descontrolados, reunidos para una tormenta de ideas. En unas horas se puede oír a la presidenta de Madrid, que sugiere vaciar las autonomías de competencias; al de Extremadura, con su pacto entre Gobierno central, autónomos y partidos; al de Cataluña, que brinda el cobrar por estancia hospitalaria; a algún ministro que promete un modelo sanitario nuevo en dos semanas? Y no nos pierdan de vista a nosotros, los periodistas, capaces de llenar páginas enteras de periódicos con tasas, servicios prescindibles, coches oficiales aparcados, pensiones de ministros y cientos de otras brillantes iniciativas. Lo primero, orden. Y después del orden, un plan detallado. De lo contrario, tendremos millones de ideas, a cual más imaginativa, y cero de seriedad. ¿Y saben adónde lleva eso? A hacer inevitable la intervención.