Nuestro futuro

Carlos G. Reigosa
Carlos G. Reigosa QUERIDO MUNDO

OPINIÓN

06 abr 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Hablamos tanto de dónde tenemos que salir que apenas planificamos adónde queremos llegar. Nos contamos una y otra vez los datos adversos de la realidad, pero no acabamos de trazar la línea inequívoca que debemos seguir para forjar un porvenir halagüeño. Sin embargo, es ese futuro el que debe interesarnos, aunque solo sea porque, como dijo Woody Allen, es el sitio donde vamos a pasar el resto de nuestras vidas.

La reiterada descripción de nuestros males delata una actitud decadente y pasadista, incapaz de iluminarnos sobre lo que debemos hacer para superar nuestros achaques. Lo dijo con claridad el economista John Kenneth Galbraith: «Si no piensas en tu porvenir, no lo tendrás». Creo que nos recreamos demasiado en el desconcierto presente y que desperdiciamos la fuerza y el talento que tenemos para fijar la ruta hacia un horizonte deseable. Y este es un grave error, porque el futuro (planeado o sin planear) ya está influyendo sobre nosotros y está dictando las leyes de nuestra actualidad. ¿De qué vale aceptar las culpas y arrepentirse si no nos ponemos a cambiar lo que hay que cambiar?

El futuro es nuestro refugio y nuestro destino. Por eso debería ocupar nuestro tiempo tanto o más que el presente. Hay algo quizá insano en nuestro abandono, porque lo que ocurre nos concierne y demanda nuestra atención. Sin duda, estamos ante un desafío colectivo que, a la vez, es también un reto personal. Por ello me parecen tan necesarias esas actitudes combativas que parten de la asunción de nuestra realidad y nos llevan al convencimiento de que estamos formados y preparados para afrontar y superar las dificultades. Esperarlo todo de los políticos y del Estado protector no es la mejor forma de proceder. La sociedad civil y el individuo también deben sentirse convocados en la actual tarea y participar activamente en la recuperación nacional.