No se le pide a nadie que empiece leyendo a Bouhier, a García Fernández o los trabajos del grupo dirigido por Marey para hacer política agraria o forestal.
Es cierto que la despoblación y el envejecimiento del medio rural, el abandono de la explotación agraria, la singular y paradójica propiedad (600.000 propietarios) y gestión de las tierras forestales se encuentran entre las causas de la transformación de los usos del suelo y de los incendios. En primer lugar porque se han ido transformando matorrales y pastizales en eucaliptales y praderas, y más recientemente se ha incrementado la superficie forestal, hasta alcanzar el 70 % de la superficie de Galicia, a costa de las praderas, desequilibrando la interacción entre la economía ganadera y la forestal a favor de esta última. Los ganaderos ven limitado así el acceso a nuevas tierras para su explotación por no estar disponibles, ni pueden tampoco transformar monte en pastizal.
Pero esta transición no se ha hecho sin un buen número de tensiones sociales y vecinales entre ambos grupos -ganaderos y forestales-, por más que aún exista una obvia interacción. Nada que ver con la epopeya del Oeste americano y la dura lucha entre granjeros y ganaderos, pero sirva como exagerado imaginario. Añadan a ello la pertinaz sequía de este año y concluyan o predigan la escasez de pastos.
Y ahora los incendios, los incendiarios y la industria del fuego. No diré yo que cien millones de euros, de tanto impuesto, son cantidad exagerada en la lucha contra el fuego, ni que un empleo estable de dos mil personas, más otras cinco mil temporales, sea poco en el deteriorado rural gallego. Apenas me atrevo a explicitar que la industria del fuego está lejos de ser eficiente, y por tanto pareciera que quienes la gobiernan, y nos gobiernan, deberían analizar y evaluar con capacidad tal gestión. Que no solo estriba en medios y recursos humanos, cada vez menos motivados y organizados, sino en conocer su raíz, pues los conflictos entre propietarios parecen ser base principal de los incendios, climatología a mayores. Añádase a ello que la existencia repetida de pequeños incendios en un área preludia la aparición de un gran incendio, y conclúyase que no es la vía penal la acertada. Como se viene certificando desde tiempos del ya extinto Patrimonio Forestal del Estado.
Quienes predican la innovación interpretada, y no la investigación, debieran aprender que sin esta no es posible mejorar la realidad. Fragas del Eume incluidas. Alguien leerá algún día en la deteriorada nación de Breogán.