23 mar 2012 . Actualizado a las 07:00 h.
P oner dinero público en manos de ciertos gobernantes es como colocar una pistola al alcance de un niño. Acaban apretando el gatillo y causando un estropicio. Así llegamos al Plan E, más kafkiano que Kafka. Para compensar la crisis del ladrillo se decretó una crisis de aceras: de repente, había que cambiarlas todas. Sus éxitos son ahora visibles; fabricaron más paro y alumbraron piscinas sin agua, auditorios sin asientos y pinacotecas sin cuadros. Fue, también, un plan perfecto, porque retrató a la perfección a muchísimos dirigentes políticos de este país: para qué invertir en investigación o en educación pudiendo construir otra glorieta.