Alberto Pardellas.
Exalcalde de Melón. Inhabilitado por prevaricador. Lo sucedió en el cargo su mujer. Asuntos de familia. Algo conocido en Ourense. Un detective acaba de determinar que Pardellas sigue ejerciendo, lo que evidencia que la marital es una eficiente vía de acceso al poder.
Iñaki Urdangarin. Yerno del rey y procesado. La Justicia considera innecesario que su mujer, la infanta Cristina, se explique. Cheira a excepción evidente de esa aspiración a la igualdad que debería perseguir la Justicia. Hay dos formas de evitar un banquillo. La vía de la honorabilidad y la de la excepción monárquica.
Ignacio López del Hierro. Está casado con Dolores de Cospedal. En menos de una semana pasó de ser consejero de Red Eléctrica a renunciar a su puesto. Los gobernantes deberían comprender que el poder emite en una longitud de onda corta, que afecta al radio de íntimos. En ese estrecho entorno, cualquier traspiés puede ser malinterpretado. Y así debe ser.
Carla Bruni. Está casada con Nicolas Sarkozy. Cuanto más la pifia su esposo, más la pasean. La Bruni mantiene intacta una sorprendente capacidad inspiradora en casi cuanto varón la menta, subyugados, supongo, por esa mezcla de exclusividad y rebeldía con la que se ha modelado la imagen pública de la examante de Mike Jagger.
En realidad, Bruni es de lo más convencional. Una más en esa nutrida categoría de esposas dedicadas a ser un adminículo de lujo en la importante vida de sus esposos.
Una realidad transversal, que no entiende de clases sociales. De Melón al Elíseo.