Confiar en España

Carlos G. Reigosa
Carlos G. Reigosa QUERIDO MUNDO

OPINIÓN

La desconfianza que parece extenderse entre nuestras fuerzas de derechas e izquierdas sobre las soluciones para la crisis tiene la mala traza de todo lo que antepone la expresión de la desavenencia a la búsqueda del acuerdo. ¿Tratan de echar un pulso y medir sus fuerzas? No lo sé, pero quizá estamos ante algo más lamentable, que consistiría en establecer la desconfianza como una realidad apriorística a partir de la cual construir -cada uno conforme a sus intereses- su propio futuro, en vez del futuro de España. Y este sería el mal camino. Porque es el futuro del Estado el que nos interesa.

No existe un signo más patente de debilidad que desconfiar instintivamente de todo y de todos durante todo el tiempo. El PP está en el poder porque el pueblo así acaba de decidirlo en unas elecciones democráticas, del mismo modo que antes lo estuvo el PSOE como fruto de otra cita electoral. Todo ello define la realidad pacífica de nuestra convivencia y de las opciones para atajar desde la política nuestros males. Por ello, pinta mal -y es disfuncional- la vocación que algunos manifiestan de cavar trincheras para futuribles y tal vez deseadas confrontaciones. La lucha contra la crisis debe mantenernos unidos en un esfuerzo común de superación.

No se trata de que los partidos crezcan sobre los cascotes de un desastre, sino sobre las buenas obras. Echarse al monte no es la solución, como tampoco lo es cerrarse al diálogo desde posiciones de poder. El buen camino está en los acuerdos sólidos y duraderos que persiguen la prosperidad y el bien común. Una buena pedagogía política en este sentido es muy necesaria. Nadie quiere que España se vea en los actuales apuros de Grecia, por poner un caso, pero es necesario saber que Grecia tampoco quiso convertirse en Grecia. Son los errores y los aciertos los que marcan la diferencia. Y los ciudadanos deberíamos apoyar a cada una de nuestras fuerzas políticas en la justa medida en que contribuyan a hacer cada vez más creíble el buen futuro que España ha de conquistar. De esto trata la política grande, la que nos une y proyecta, la que ahora necesitamos y exigimos.