Paul Cézanne pintó hasta cinco veces esa partida de cartas. La tercera versión es la que ha arrasado. Las crónicas ironizan sobre que los dos jugadores jamás podrían apostar en su juego la cifra que Catar ha pagado por el cuadro. Ha sido la familia real y pulveriza todos los récords. 191,6 millones de euros, pagados con el petróleo. Para que luego digan que no hay dinero. Hay muchos mundos, pero están en este. Catar quiere que los turistas viajen a su museo nacional, donde ya tienen obra de Warhol, de Hirst o de Rothko. El cuadro era de un millonario griego que se cansó de rechazar ofertas, hasta que falleció el año pasado. Sus herederos no tardaron en vender. Dicen que un Pollock y un Klimt fueron vendidos por 109,6 y 105,7 millones de euros, pero de forma oficial el destronado es Picasso, del que sí hay constancia pública de la compra de su Desnudo, hojas verdes y busto por 81,9 millones. Ese Picasso que fue niño en A Coruña y que pintó la Torre. Es curioso. Cézanne fue un hombre hosco, que rehuía a la gente. Y ahora una obra suya terminará por ser la más visitada. El arte y sus extraños caminos y precios.