La ética socialista

Esperanza Guisán TRIBUNA

OPINIÓN

29 ene 2012 . Actualizado a las 06:00 h.

E s indudable que todos los partidos políticos, todas las agrupaciones y grupos humanos tienen su moral y sus valores, aunque con frecuencia los oculten para impedir el rechazo de la mayoría adhiriéndose a los valores más atractivos que, afortunadamente mueven, poco a poco, a la comunidad universal. Todo aspirante a líder social, moral o político (sean cuales sean sus auténticos valores) diserta con entusiasmo sobre la paz, la concordia, el bienestar general, el cosmopolitismo, el cuidado de los más débiles, etcétera, valores intrínsecos al socialismo democrático que parece haber dejado en la cuneta su atractivo ético, para contentar las demandas coyunturales de grupos que aseguren su preeminencia en las cámaras legislativas.

Sin duda Zapatero no ha sido el villano que sus oponentes pretenden, pero pecó contra el socialismo en multitud de casos. Baste señalar su contubernio con el PSC para aprobar unos estatutos que no iban precisamente en interés de todo el Estado español. La España «una y plural» es sin duda una concepción deseable, aplicable por lo demás a la pluralidad de Estados y pueblos que constituyen un mundo uno y plural. Pero la ética más elemental, especialmente la socialista, insiste en que lo particular no acabe eliminando los intereses generales. Por eso es de capital importancia que el futuro secretario del PSOE sea creíble como defensor de la totalidad del territorio español y, más todavía, como implicado en la ayuda posible a los países más pobres y marginados. Resultan particulamente infantiles e ingenuas las expresiones de la señora Chacón, cuando se proclama «lista» para gobernar (aunque lo diga con algo más de sutileza) y es un auténtico atrevimiento presentar su abrir puertas y ventanas como una desgastada y poco original metáfora en vez de aludir directamente a abrir las mentes y las nacionalidades en orden a perseguir la ayuda mutua.

Por decirlo en muy breves palabras, el futuro secretario del PSOE ha de ser algo más que un o una principianta con ganas de subir alto. Como dijo Rubalcaba, hay que elegir el candidato útil que garantice que los valores olvidados y marginados, que son el tesoro que nos ha legado el pensamiento socialista, se reincorporen revitalizados al discurrir de las sociedades presentes y futuras.