Como madre, me alegra que a partir de ahora el bachillerato vaya a durar tres años. Es difícil convencer a un adolescente de 15 primaveras de que estudie mucho cuando sabe tan bien como sus padres que hasta el año siguiente la nota media «no cuenta». Uno intenta explicarles que sin una base sólida no se pueden sacar buenas notas después, esas que le dan acceso a la carrera que quiera -y que por supuesto aún no sabe cuál será-, pero se ve que la barrera creada por las hormonas impide a los hijos procesar esta información. Por tanto, tres años para estudiar lo que ahora hacen en dos está bien. Pero eso como madre, una especie que solo miramos por los ojos de nuestros vástagos. Porque como ciudadana me da que esto va a expulsar definitivamente a los chicos y chicas «conflictivos» y «vagos» del sistema educativo a los 15 años. Lo que me sorprende es que, hablando con profesionales de la educación de diferente sensibilidad, hay cierta unanimidad en el hecho de que no se puede mantener en la ESO a estudiantes sin ningún interés. Ahora solo nos queda esperar que la FP siga consolidándose para que realmente los jóvenes sí tengan alternativas.