Ay, Elena


La mayoría de las personas a duras penas logramos ejercer bien una profesión, y aprenderla nos lleva media vida. Pero en nuestra era viven titanes y titanas (que diría L. Pajín) que al modo del divino Leonardo tocan con genio todos los palos. Entre esos todoterrenos destaca Elena Salgado (ourensana por DNI, en la actualidad diputada por Cantabria y tan interesada por Galicia como París Hilton por el pensamiento de Wittgenstein). Ingeniera industrial y economista por titulación, en sus 62 años de vida ha ocupado cargos en el Ministerio de Obras Públicas y en el de Economía. Ha sido ministra de Sanidad y aspiró a dirigir la Organización Mundial de la Salud (¿quen dixo medo?). Pero también debe saber lo suyo de bel canto, pues fue directora del Teatro Real de Madrid. Y hay más: domina las telecomunicaciones, ya que trabajó como directiva en empresas del sector; y también fue ministra de Administraciones Públicas. Incluso tiene la Cruz al Mérito Militar. Es decir, que si mañana la llama la NASA, el martes la tienen allí para dirigir sin problemas Cabo Cañaveral.

El mundo del fútbol es disparatado. Sin embargo se rige por un principio razonable. Un entrenador puede ser muy majo, pero si palma todos los partidos lo chimpan y pasa otro. El partido de Elena Salgado se llama paro. Y cada vez que salen los datos, las choscas son épicas, y van a peor. ¿De verdad que no hay nadie en este país que sepa un poco más de economía? Pues urge probar ya, porque esto se hunde. Incluso soportaremos que tenga glamur cero y no sepa ni flores de ópera, medicina, telecomunicaciones, defensa...

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