¿Para qué sirve un bebé?

Jorge Mira Pérez
Jorge Mira EL MIRADOR DE LA CIENCIA

OPINIÓN

12 may 2016 . Actualizado a las 18:42 h.

Eso respondió Michael Faraday al preguntársele en 1831 por la utilidad de su descubrimiento, la dinamo, luego de demostrar con ella que se podía crear corriente eléctrica moviendo un imán. Hoy todos tenemos claro que ese bebé de Faraday mueve el mundo. Obviamente, poquísimos científicos en la historia acaban dando ese resultado pero, como decía el Nobel Severo Ochoa, «un científico no sale de la nada, sale de un cierto ambiente, que hay que crear». Tal ambiente se crea, en gran medida, con la incorporación de jóvenes científicos, que denuncian que Galicia la está frenando. Esa sementeira se debe mantener, es parte de la fórmula que han empleado los países que nos llevan ventaja. No obstante, el cuello de botella no está en la etapa inicial, sino en la incorporación del científico al mercado de trabajo. El modelo actual implica una criba de años de precariedad, sometimiento a filtros de calidad y, en algunos casos, estar en el sitio adecuado en el momento adecuado, para convertirse en profesor universitario. Pero la capacidad de absorción de la universidad no es infinita, ni aquí ni en Alemania. Allí, una vez acabada la criba, muchos son contratados por empresas, en la fe de que tal selección garantiza un personal de primera. Aquí, aunque el joven investigador gallego no desmerece del alemán, no se puede decir lo mismo de la densidad del tejido empresarial; pero habelo, haino . ¿Cómo imbuirlo de esa fe? ¿Quizá con una contratación inicial público-privada? A cambio, el patrón debería garantizar un tiempo de contrato para que el joven científico demostrase su valía. No se arrepentiría.