ESPAÑA es la única democracia del planeta en la que existe una región donde presentarse a las elecciones puede significar jugarse el tipo. Esa es la razón por la que en el País Vasco algunos partidos no nacionalistas -sobre todo el Popular- conforman parte de sus listas municipales recurriendo a personas afincadas en otras zonas del territorio nacional: porque para los vecinos del lugar el riesgo de concurrir a los comicios puede llegar a ser insoportable. Por eso, el ejemplar coraje cívico de muchos de esos candidatos por solidaridad no puede merecer sino el apoyo activo de todos los españoles que sabemos cómo se las gastan en las tres provincias vascas y en Navarra los ahora autodenominados «defensores de la paz». Uno de ellos, Joseba Álvarez, portavoz de la Batasuna, dirigía el jueves pasado toda su sucia artillería dialéctica contra Regina Otaola, alcaldesa de Lizarza, pequeño pueblo guipuzcoano donde sólo el PP se ha atrevido a concurrir a las últimas locales, con una lista solidaria de personas que no son de la localidad. Allí ganó el PP, por exclusión, las elecciones: los violentos no pudieron presentarse porque la ley se lo impidió y los partidos democráticos decidieron no concurrir visto el calvario que había tenido que sufrir durante la anterior legislatura el dirigente peneuvista y regidor Joseba Egibar, tratado de usurpador por los mismos batasunos con los que Egibar quiere construir en el futuro una Euskal Herria independiente. Batasuna, que no dudó ni en minuto en hacer la vida imposible a un nacionalista que comparte muchos de sus postulados ideológicos, no está dispuesta ahora a tolerar, dice el tal Álvarez refiriéndose a Otaola, a «los que se basan en la violencia para imponer su credo». ¡Eso afirma tan tranquilo quien nunca ha condenado los horrendos crímenes de ETA! Otaola y todos los que, como ella, han decidido abandonar la tranquilidad de sus hogares para mantener erguida la bandera de la democracia y la decencia en medio de la barbarie etarra-batasuna, estarán, como lo estamos todos, atónitos e indignados ante las noticias aparecidas estos días sobre ciudadanos que han resultado ser candidatos solidarios sin saberlo, varios de ellos en Galicia. Es tan grave esa manipulación, y afecta de tal modo a la limpieza de una acción democrática admirable, que los implicados deben aclarar de inmediato, y sin subterfugios, lo ocurrido. Porque lo exigen los pocos candidatos a la fuerza hasta ahora aparecidos. Pero porque lo exigen, sobre todo, los muchísimos más que decidieron voluntariamente poner su nombre en la diana en defensa de la libertad de todos.