El valor de lo sagrado

| FEDERICO FERNÁNDEZ DE BUJÁN |

OPINIÓN

18 jul 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

EN SENTIDO estricto, se denomina sagrado aquello que es «digno de valoración por su carácter divino o por estar en relación con la divinidad». Por remisión extensiva existen ámbitos de lo sagrado que rebasan la esfera de lo trascendente, penetrando en lo temporal. Así, existen relaciones personales, comportamientos o símbolos que se califican de sagrados queriéndose significar con ello que se consideran irrenunciables. En este sentido, lo sagrado, por serlo, es permanente. Si nos preguntamos el porqué de ese valor inalterado, tendríamos que responder diciendo que obedece a la importancia vital que una concreta persona o determinado grupo social le reconocen. Por ello, lo sagrado, todo lo sagrado -se refiera al ámbito religioso o al profano-, es objeto de veneración para quienes creen y debe ser objeto de respeto para los que no creen. En este sentido, puede hablarse de un valor intrínseco de lo sacro, con independencia de que crea o no en aquello que representa. Si la convivencia no es posible más que desde el respeto al otro, lo sagrado se sitúa en primer plano, en cuanto que ocupa ese espacio que encierra las creencias más íntimas y profundas. No presenta, pues, el mismo valor de ofensa sufrir mofa en algo accidental que sufrir escarnio en lo que se considera esencial. En nuestro país han comenzado a generalizarse ciertas acciones atentatorias contra las creencias cristianas. La pasada semana, ha sido especialmente dolorosa la protagonizada por la pancarta de una peña en los sanfermines, que representaba a Cristo en la cruz con el brazo derecho levantado al modo fascista. Ese Crucificado ha muerto, con los brazos abiertos, musitando una oración de perdón por quienes lo han hecho, quizás más por frivolidad que por maldad. Por ello, desenclavar de ese madero una de sus manos llagadas es profanar el mensaje más sublime de amor y paz que posee la historia de la humanidad.