Maquiavelos «made in Spain»

| IGNACIO BERMÚDEZ DE CASTRO OLAVIDE |

OPINIÓN

SOY DE los que opinan que el término maquiavélico en modo alguno debe tenerse siempre por peyorativo, pues el personaje en cuestión, entre otras muchas aportaciones a la ciencia política, es considerado uno de los padres del Estado moderno. Nicolás Maquiavelo nació y vivió en la Florencia de los siglos XV y XVI. Allí escribió su opúsculo El Príncipe, dedicado a Lorenzo de Médicis, al cual quiso adoctrinar y prevenir contra sus enemigos, dándole a entender que sólo él, siguiendo sus consejos, sería capaz de establecer un orden nuevo en el cual se podría y debería sustraer la moral de la política. Para al final llegar al objetivo deseado: el siempre pragmático «fin que justifica los medios». Indudablemente, España es el país con mayor número de Maquiavelos por metro cuadrado. Emergen como setas. Los hay de izquierdas, derechas, centro y mediopensionistas. Todos los partidos poseen su equipo de florentinos que atiborran al presidente o secretario general de turno con consejos encaminados a la obtención o perpetuación en el poder. De entre todos estos destacaría el a mi entender primus inter pares . Nuestro particular asesor porta importante mostacho. Aparte de destacado docente universitario, su condición de políglota motiva que defienda sus tesis en estrados autóctonos y foráneos. Además preside una fundación que le sirve de escaparate y plataforma para lanzar más que envenenados dardos. Sus exabruptos resultan cotidianos, y su falta de lealtad al Gobierno, impropia de un ex presidente. ¿Cuál es el motivo para que en la calle Génova no lo frenen? ¿Será que aún acapara cierta cuota de poder? Se obcecó con ETA y no cesa de justificar lo injustificable, el engaño a toda una nación y la tan mal llevada pérdida del poder. Fiel discípulo del florentino, exhortó a los suyos a ponerse al frente de cuantas manifestaciones se convocaron encaminadas a impedir que el Gobierno pactara la paz. A veces es la forma menos cara de conseguirla y hasta donde yo sé nunca se ofreció perdón a los criminales. Zapatero no tuvo éxito, pero que por intentarlo no quedara. A los asesinos etarras tampoco él los derrotó en sus ocho años de mandato, intentos de negociación aparte. Quien lo oiga pensará que sus logros al respecto fueron enormes. No deja de llamarme la atención la metamorfosis de este autoconsiderado ex líder del mundo libre. En su primera legislatura estuvo más que a la altura. España iba bien. Pero terminó metiéndonos en una guerra que sigue teniendo consecuencias luctuosas para ciudadanos e intereses españoles. Confiemos en que de una vez por todas deje actuar a su sucesor. Las urnas ya le pasarán factura. O no. No olvidemos que Rajoy es gallego, y eso imprime carácter.