La playa del optimismo

| XOSÉ CARLOS CANEIRO |

OPINIÓN

HAN PASADO diez años desde el asesinato de Miguel Ángel Blanco, hijo de gallegos, y aún hoy no me ha curado la pena. He dicho mil veces que ni una sola bandera justifica la vida de un ser humano, ninguna patria, ningún territorio y ninguna independencia. El ser humano, según Hobbes y todos los pesimistas, es un lobo para el hombre. El pesimismo es también una forma de ser, y una filosofía. Este verano yo lo llevo atado a una -parte de mi cuello, como si me apretase la garganta... y no me suelta el pesimismo. Veo el mundo y me escapo. No sólo los diez años de Blanco, sino también la amenaza constante del terrorismo, que parece estar acechando como una mala noche: negra. En Irak muere gente a diario, la Mezquita Roja está como está, Palestina se baña en una platea de sangre... y aquí aguardamos la guadaña asesina que todos, desde la Administración a la policía, no dejan de advertir. Rubalcaba lo repite día tras día. Los periodistas lo esperan, tristes, en las redacciones. Y Galicia, que es la playa del optimismo, lo intuye como toda España. Prefiero no ponerme trágico. No sentir, no leer, no escribir (como en un poema de Gil de Biedma: «Vivir como un noble arruinado entre las ruinas de mi inteligencia». Este verano parece un drama de Shakespeare. Prefiero no ponerme trágico, pero la tragedia es la doctrina nacional de esta España con diez años de Blanco, ¿recuerdas? Era verano, dieron cuarenta y ocho horas... y lo mataron. Tendré que escribirlo una vez más, aunque ellos no me hagan caso. Ninguna bandera vale una vida. Ni las banderas de Palestina, ni las tantas que se han cruzado en Irak, ni las del País Vasco ni las otras. Este verano, mientras todos esperamos lo peor, lo peor también espera por nosotros. Yo no sé si darle una patada a lo peor y acostarme, contigo, en la playa del optimismo. Aquí, en esta Galicia que quiere ser de luz. Este país que tiene gente como tú, que no crees en Hobbes. Como tú, tirado a veces en la toalla de la decepción, pero mirando el sol de frente. No van a poder con nosotros. Siempre nos quedará una playa para acostarnos. Una risa, un abrazo, un te quiero. La playa del optimismo, ¿recuerdas?... ella también existe.