La conquista del centro

| CARLOS G. REIGOSA |

OPINIÓN

EL PARTIDO que quiera ganar las próximas elecciones generales deberá convencer y seducir con su oferta al voto domiciliado en el centro político. Es algo sobre lo que no cabe ninguna duda, como han acreditado las encuestas hechas después del último debate sobre el estado de la nación. Ni el PSOE ni el PP pueden soñar con la victoria sin conquistar ese espacio. Después de haberse dedicado a satisfacer y contentar a los suyos, cada partido empieza ahora su particular expedición hacia el extenso vivero de los votos indispensables para gobernar en la próxima legislatura. Y porque es así, viene a cuento hacer un breve repaso sobre la situación actual, y también sobre la venidera. Es cierto que el PSOE ha sufrido un serio tropezón con la ruptura del alto el fuego permanente por parte de ETA, no porque los socialistas sean culpables del cambio de actitud de los terroristas, sino por la ilusión que algunos mensajes de Zapatero despertaron en la ciudadanía. Hoy muchos consideran que carecían de fundamento. Sin embargo, el presidente del Gobierno hizo lo que debía: intentar negociar el final de ETA. En esa gatera perdió algunos pelos, pero, como puso de relieve en el reciente debate, el Estado no hizo concesiones inaceptables. Con habilidad política, Zapatero se ha apresurado a hacer tabla rasa de ese pasado, ha puesto en valor los logros económicos y sociales de sus tres años de gobierno y ha comenzado a hablar del futuro, con un cambio de Gobierno que incorpora a personas de prestigio como Bernat Soria o César Antonio Molina. Zapatero ha tomado nota de que debe evitar desconfianzas y recelos, si quiere dirigirse con credibilidad a ese centro rebosante de votos. ¿Ha hecho lo mismo el PP? No es fácil determinarlo. Las últimas declaraciones de Mariano Rajoy nos lo han presentado demasiado pendiente del pasado, quizá por su excesivo convencimiento de que el PSOE no ha hecho nada bien. La realidad es que con esta actitud el líder popular satisface a sus fieles, pero no avanza hacia ese centro sin el cual no hay esperanza de victoria. Quedan ocho meses por delante y ganará, sin duda, quien mejor conecte con esa España de centro, aparentemente indecisa, pero siempre determinante.